... días para los que nada te prepara, no importa la anticipación, las anécdotas, o la previsión de lo que podría llegar a pasar. Hay días de mierda, que terminás convencida de que no tendrías que haber salido de la cama porque el mundo, a fuerza de estar lleno de boludos, se ha convertido en un lugar peligroso para tu sanidad mental, y lo que sacás de ahí ya ni siquiera queda como una de esas historias chistosas que contás en un blog. Hay días en los que un dolor físico te paraliza, días en los que mandarías todo a la madre que lo parió (no importa en qué trabaje la madre), y te mandarías a mudar con tu hija a cualquier parte.
También hay días como hoy. Días que tienen la virtud de no ser muchos, sino los suficientes, días en los que nada más importa, días como ése en el que ella me miró por primera vez, y me reconoció.
También hay días como hoy. Días que tienen la virtud de no ser muchos, sino los suficientes, días en los que nada más importa, días como ése en el que ella me miró por primera vez, y me reconoció.
DÍAS COMO HOY, EN LOS QUE SIMPLEMENTE NO SE PUEDE SER MÁS FELIZ,
porque sino te va a explotar el pecho. Hoy Victoria empezó primer grado. Mi hija, mi hija feliz, empezó primer grado. ¿Importa algo más?











